Alaska en verano: sol de medianoche, glaciares y ballenas en el mejor mes del año
Diecinueve horas de luz. Eso es lo que tenés un día cualquiera de julio en buena parte de Alaska: el sol se arrastra por el horizonte cerca de la medianoche, la noche dura apenas un rato, y a las cuatro de la mañana ya está clareando de nuevo. En invierno, Alaska es el reino de las auroras. Pero hay otra Alaska, la del verano, que casi ningún argentino tiene en el radar y que este mes está en su punto más alto.
Te cuento por qué julio es el mes en que Alaska se pone imperdible, qué vas a ver que no vas a ver en ningún otro lado, y cómo se arma el viaje desde acá sin que se te vaya de las manos.
El sol que no se esconde: por qué julio es distinto a cualquier otro mes
Entre fines de mayo y fines de julio, el sur de Alaska vive con hasta 18 horas de luz por día, y en el interior, cerca de Fairbanks, todavía más. Traducido a algo concreto: podés hacer una caminata a las once de la noche, sacar fotos con luz dorada a horas en las que en Argentina ya sería noche cerrada, y estirar cada día al doble.
Julio es, además, el mes más cálido y el que tiene todo en su mejor forma: flores silvestres por todos lados, ríos llenos, animales activos y los caminos y parques abiertos. Si querés la Alaska de postal —glaciares, fauna, montañas, clima amable—, este es el mes que la garantiza.
Glaciares que se parten frente a tu bote
Acá viene lo que más impacta. En verano, el calor acelera lo que en Alaska llaman calving: el momento en que un bloque de hielo del tamaño de un edificio se desprende del glaciar y cae al agua con un estruendo que sentís en el pecho antes de verlo.
Los mejores lugares para vivirlo son los fiordos, y casi todos se recorren en excursiones de un día en barco:
- Kenai Fjords, saliendo de Seward, con los glaciares Exit y Holgate.
- Glacier Bay, con el imponente Margerie.
- Tracy Arm, cerca de Juneau, con el Sawyer.
- Prince William Sound, saliendo de Whittier, con el College Fjord y sus glaciares en fila.
No hace falta que seas un aventurero extremo: subís a un catamarán con calefacción, café caliente en la mano, y la naturaleza hace el resto.
Ballenas, osos y salmón: el verano es cuando Alaska se llena de vida
Si hay un mes para ver fauna, es este. Las ballenas jorobadas están en los fiordos de Kenai entre junio y agosto; las orcas se ven mejor en junio y julio; y las belugas aparecen en el Turnagain Arm, cerca de Anchorage, desde mediados de julio.
En tierra, el verano es temporada de salmón, y donde hay salmón hay osos: verlos pescar a la orilla de un río es una de esas escenas que uno cree que solo existen en los documentales. Es real, y pasa justo ahora.
Denali, el techo de Norteamérica
Tierra adentro está Denali, la montaña más alta de todo el continente, con más de 6.000 metros. El parque nacional que la rodea es tan grande que se recorre en buses que entran por un único camino, y en julio es cuando los animales —osos, alces, lobos, ovejas de Dall— están más activos.
Un dato para bajar expectativas antes de subirte al bus: Denali suele estar tapada por las nubes, y solo una parte de los que van la ven despejada. Si te toca verla entera, es de esas cosas que no te olvidás más. Y si no, el resto del parque igual te deja con la boca abierta.
Cómo llegar desde Argentina, y por qué muchos eligen un crucero
No hay vuelos directos: se llega haciendo escala en un hub de Estados Unidos —Seattle, Dallas, Houston— y de ahí a Anchorage o Fairbanks. La otra opción, la más elegida por los que van por primera vez, es el crucero por el Inside Passage, que sale de Seattle o de Vancouver y va bordeando la costa con paradas en pueblos como Juneau, Skagway y Ketchikan.
Sea en avión o en crucero, hay un paso que se arma mucho antes de la valija: la visa. Aunque vayas en un crucero que arranca en Canadá, si toca puertos de Estados Unidos vas a necesitar tu visa de turista al día, igual que si conectás por un aeropuerto norteamericano. Ese trámite conviene tenerlo resuelto con tiempo, no sobre la fecha.
Si querés la otra cara de este destino —la de las auroras, el frío y cómo se organiza en temporada de invierno—, la dejamos contada en detalle en la guía de Alaska pensada para el viajero argentino, que te sirve para comparar cuándo te conviene ir.
Lo que nadie te cuenta antes de reservar
Julio es maravilloso, pero también es el mes más caro y más lleno del año. Los cruceros, las excursiones a los glaciares y los buses de Denali se agotan con meses de anticipación, así que si lo pensás para este verano boreal, ya vas justo: conviene reservar lo antes posible.
Y hay un detalle bien terrenal: los mosquitos. En Alaska son casi un deporte nacional, aunque hacia fines de julio empiezan a aflojar. Repelente en la mochila, sin excepción.
Si Alaska te queda grande para este año —de plata o de tiempo—, un buen plan B con la misma naturaleza a lo grande es Yellowstone en verano, con sus géiseres y bisontes: más accesible desde Argentina y también en su mejor momento en estos meses.
Alaska en julio no es un viaje más: es de esos que te reordenan la idea de lo que es “grande”. El día que no termina, el hielo que se rompe frente a tu bote y la ballena que aparece de la nada se quedan con vos mucho después de volver. Si alguna vez soñaste con una naturaleza que te haga sentir chiquito, este es el mes y este es el lugar. ✈️🏔️💙🇦🇷🇺🇸
Buen viaje.
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