US Open en Nueva York: cómo vivir el último Grand Slam del año
Tres veces. Esa es la cantidad de veces que un argentino levantó el trofeo del US Open, el último Grand Slam de tenis del año. Guillermo Vilas lo hizo en 1977 sobre el polvo de ladrillo del viejo Forest Hills. Gabriela Sabatini le ganó la final a Steffi Graf en 1990. Y en 2009, un pibe de Tandil llamado Juan Martín del Potro dio vuelta una final imposible contra Roger Federer y se llevó el título a casa.
Cada fin de agosto, esa misma cancha vuelve a abrir en Nueva York. Y este año, entre el cuadro principal y la clasificación, va a haber un buen grupo de argentinos buscando dar el golpe. Si andás con ganas de un viaje a Estados Unidos con excusa deportiva, esta es de las mejores del calendario.
Cuándo y dónde se juega:
El US Open se juega en el USTA Billie Jean King National Tennis Center, en Flushing Meadows, un parque enorme del barrio de Queens. La clasificación y la Fan Week ocupan la semana del 24 de agosto; el cuadro principal abre el domingo 30 de agosto y la final es el 13 de septiembre de 2026.
Son dos semanas largas de tenis desde la mañana hasta pasada la medianoche. No hace falta ir el día de la final para vivirlo: las primeras rondas son las más divertidas y las más baratas, con partidos en todas las canchas al mismo tiempo.
Qué entrada comprar (y qué ves con cada una):
Acá está la parte que más confunde. En el complejo hay tres niveles de acceso, y elegir bien te cambia el precio por diez.
| Entrada | Qué ves | Precio orientativo |
|---|---|---|
| Fan Week | Entrenamientos de las estrellas y la clasificación, en las canchas exteriores | Gratis |
| Grounds Pass | Todas las canchas menos el estadio principal (Louis Armstrong, Grandstand y exteriores) | Desde unos US$65 |
| Arthur Ashe | Los partidos estelares en el estadio de tenis más grande del mundo | Entrada aparte, varía por día |
Precios orientativos que se mueven según la ronda y la demanda. La entrada oficial se compra por Ticketmaster; si te cruzás con una reventa sospechosa, aprendé a reconocer una entrada trucha antes de pagar.
Con un Grounds Pass ya entrás a ver tenis de primer nivel de cerca, muchas veces a pocos metros de los jugadores. El Arthur Ashe lo reservás aparte si querés la sesión nocturna: esa de estadio lleno y luces que después ves en la tele.
La jugada más barata es la Fan Week:
Antes de que empiece el torneo en serio, hay una semana en la que el complejo abre gratis. Podés entrar a ver a los mejores del mundo entrenando a pocos metros y bancar a los que pelean la clasificación en las canchas chicas. Para quien ya está en Nueva York, es de las mejores tardes gratis que ofrece la ciudad en todo el año.
Y en esa clasificación suele aparecer más de un argentino peleando un lugar en el cuadro grande, con la tribuna casi encima de la cancha.
Cómo llegar desde Manhattan:
Flushing Meadows queda en Queens, pero llegar es más simple de lo que suena. Desde el centro de Manhattan tomás la línea 7 del subte hasta la estación Mets–Willets Point. De ahí al complejo son tres minutos caminando por una rampa. En total, unos 35 a 45 minutos desde el centro.
Si venís armando el viaje desde cero, primero definí desde qué aeropuerto de Nueva York te conviene aterrizar: no es lo mismo caer en JFK, que queda cerca, que en Newark, del otro lado del río.
Por qué a un argentino esto le toca una fibra:
Sabatini contra Graf. Del Potro contra Federer. Son de esas finales que, si tenés cierta edad, las viste en vivo, y si no, las escuchaste contar mil veces. El US Open es la cancha donde el tenis argentino tocó el cielo, y este año la delegación nacional es una de las más numerosas de los últimos tiempos, con Francisco Cerúndolo a la cabeza.
Ver a un compatriota jugar un Grand Slam desde la tribuna es una de esas cosas que se cuentan por años. Si todavía no tenés la visa, tenelo en el radar con tiempo: hoy el turno de entrevista más próximo en el consulado de Buenos Aires está dando para agosto, así que no conviene dejarlo para último momento.
Tres veces un argentino levantó ese trofeo. La cuarta, quién sabe cuándo llega. Pero estar en la tribuna el día que uno nuestro vuelva a hacer historia no tiene precio, y este es un año para tenerlo bien cerca.
Buen viaje. 💙🇦🇷🇺🇸
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