Seattle: café, ferries y montañas en el verano más fresco de USA
Es mediados de julio y medio Estados Unidos está bajo alerta por calor: Phoenix arriba de los 42 grados, Nueva York pegajosa hasta la medianoche, Texas que no afloja ni a la sombra. Y después está Seattle, allá arriba en el noroeste, con 24 grados, cielo despejado y una brisa que sube del agua. Mientras el resto del país aprende a cuidarse del calor extremo, la ciudad del café vive sus dos mejores meses del año casi en secreto.
Seattle carga con fama de ciudad gris y lluviosa, y en invierno es verdad. Pero esa fama juega a favor tuyo: como casi nadie la asocia con el verano, llegás a una ciudad hermosa sin las multitudes de Nueva York o Miami. Te cuento por qué julio y agosto son la ventana para ir, y qué no te podés perder.
Por qué julio y agosto son la ventana que Seattle esconde
El secreto es simple: después del 4 de julio, y hasta bien entrado septiembre, Seattle se seca. Los meses de julio y agosto son los más cálidos y secos del año, con máximas en torno a los 24 grados, humedad baja y una racha de días soleados que en invierno parecen imposibles.
Encima, estás casi en el paralelo de Alaska, así que los días son larguísimos: en pleno verano tenés luz hasta cerca de las nueve y media de la noche. Eso te suma horas de paseo sin apuro.
Un detalle que los locales repiten: llevá siempre una campera liviana. Apenas el sol baja detrás de las montañas Olympic, el aire se enfría rápido, sobre todo si estás cerca del agua. Capas, siempre capas.
Pike Place Market: pescado que vuela, flores y el primer Starbucks
El corazón turístico de la ciudad es Pike Place Market, uno de los mercados públicos más viejos de Estados Unidos, funcionando desde 1907. Es un laberinto de puestos de pescado, flores, frutas, artesanos y comida.
La postal clásica es la de los pescaderos tirándose salmones enteros por el aire de puesto a puesto, con show y grito incluido. Al costado vas a encontrar el primer local de Starbucks, con su cartel viejo de sirena marrón, y una fila de gente sacándose fotos (el café adentro es igual al de cualquier otro; lo que se paga es la foto).
Un consejo práctico: caé temprano a la mañana o cerca del cierre. Al mediodía el mercado se llena y se vuelve incómodo. Y no te pierdas la vista al agua desde la terraza de atrás: ahí tenés la bahía, los ferries cruzando y, si el día está claro, la montaña.
Café, lluvia y guitarras: la ciudad que armó tu playlist
Seattle es, sin exagerar, la capital del café de Estados Unidos. Acá nació Starbucks en 1971 —si te interesa la historia completa de cómo salió de un puesto de Pike Place a conquistar el mundo, la contamos en otro post— y de acá salió también la ola de cafeterías de especialidad que hoy ves en todo el país. Pedí un café en cualquier esquina y te lo van a tomar en serio.
Y después está la música. En los noventa, de esta ciudad lluviosa salió el grunge: Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, y antes Jimi Hendrix, que es de acá. Si sos fan, el museo MoPOP (Museum of Pop Culture), con su edificio de chapa retorcida al lado del Space Needle, tiene salas enteras dedicadas a esa historia.
Subirte a un ferry: el mirador más barato de la ciudad
Acá va el mejor tip barato de Seattle. Los ferries de Washington State cruzan la bahía todo el día, y podés subirte a pie, sin auto, por unos pocos dólares el viaje de ida y vuelta. Desde la cubierta tenés la vista completa: el skyline con el Space Needle, los otros ferries cruzando y, en un día despejado, el Mount Rainier flotando al fondo.
El paseo estrella es a Bainbridge Island: media hora de travesía, un pueblito tranquilo con cafés y una librería preciosa para caminar, y de vuelta al atardecer con la ciudad iluminándose de a poco. Es de esas cosas que parecen caras y salen casi nada.
Mount Rainier: el volcán que aparece cuando el cielo se despeja
Hay una frase que los de Seattle dicen todo el tiempo: “The mountain is out” —“la montaña salió”—. Es que el Mount Rainier, un volcán nevado de casi 4.400 metros, no siempre se ve: se esconde entre nubes buena parte del año. Pero en un día claro de verano aparece enorme sobre el horizonte, y no lo podés creer.
Está a unas dos horas en auto de la ciudad y es el paseo de día por excelencia del verano. Recién en julio se termina de derretir la nieve en la zona de Paradise, y entre julio y agosto los prados de montaña se llenan de flores silvestres. Senderos para todos los niveles, cascadas, glaciares y aire de montaña de verdad.
Si no querés manejar hasta el parque, tenés una versión chica y urbana de la naturaleza local: las Ballard Locks, unas esclusas donde en verano se ve a los salmones subir por una escalera de agua con vidrio para mirarlos de cerca. Entrada gratis y muy del lugar.
Cómo encaja Seattle en un viaje desde Argentina
No hay vuelos directos desde Buenos Aires, así que vas a llegar con una escala, normalmente por alguna ciudad grande del sur o el centro de Estados Unidos. Sumá el tiempo de conexión y llegá con margen.
La forma más lógica de aprovechar el viaje es combinarla. Seattle es la puerta de entrada natural a la costa oeste del norte: podés bajar por ruta hacia Portland y seguir a California, o al revés, cerrar en Seattle una ruta que arranca en San Francisco. También es el puerto desde donde salen muchísimos cruceros a Alaska, así que se arma solo con un verano fresco de norte a norte.
Para el día en Mount Rainier vas a querer auto; dentro de la ciudad, en cambio, te movés bien a pie, en ferry y con transporte público. Y lo de siempre antes de armar cualquier ruta larga por Estados Unidos: revisá que tu visa esté vigente y con margen de sobra. Es lo primero que conviene mirar, antes que los vuelos y los hoteles, para que los papeles no te frenen el plan.
Seattle no es la ciudad que primero te viene a la cabeza cuando pensás en Estados Unidos, y ese es exactamente su encanto. Mientras el resto del país se abanica en julio, vos estás tomando un buen café frente a la bahía, con la montaña asomando al fondo. No está nada mal como plan, traveler.
Buen viaje. 💙🇦🇷🇺🇸
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